Olvidando las cosas que quedan atrás, y extendiéndome hacia adelante a las cosas más allá (Filip. 3:13).

Cuando Pablo era un joven fariseo hizo cosas que después lamentó. Por ejemplo, encabezó una cruel persecución contra los discípulos de Cristo. La Biblia relata que, tras la ejecución de Esteban, “Saulo [conocido más tarde como Pablo] empezó a tratar atrozmente a la congregación. Iba invadiendo una casa tras otra y, sacando a rastras tanto a varones como a mujeres, los entregaba a la prisión” (Hech. 8:3). Por ser un fanático del judaísmo, Saulo creía que aplastar el cristianismo era una misión divina. Por eso trató de acabar con los cristianos “respirando […] amenaza y asesinato”, persiguiendo con ferocidad “tanto a varones como a mujeres” (Hech. 9:1, 2; 22:4). Pablo cambió por completo en cuanto se hizo cristiano. En vez de un feroz enemigo del cristianismo, llegó a ser su ardiente defensor (Hech. 9:3-22). w13 15/1 4:4-6