En cuanto a mostrarse honra unos a otros, lleven la delantera (Rom. 12:10).

¿Estaría mal ofrecer algún comentario si nos parece que hace falta cambiar algo en la congregación? No necesariamente. En el siglo primero, cuando surgió cierta cuestión muy polémica, los hermanos se encargaron de que “Pablo y Bernabé y algunos otros de ellos subieran a donde los apóstoles y ancianos en Jerusalén respecto a esta disputa” (Hech. 15:2). Seguro que todos tenían su opinión sobre el problema y su posible solución. Cada uno expresó lo que pensaba, y se tomó una decisión guiada por el espíritu santo. A partir de ese momento, ninguno siguió insistiendo en su opinión personal. Y cuando la carta que anunciaba la resolución llegó a las congregaciones, todos “se regocijaron por el estímulo” y “continuaron haciéndose firmes en la fe” (Hech. 15:31; 16:4, 5). Hoy ocurre igual: una vez que presentamos un asunto a los hermanos responsables, debemos dejarlo en sus manos confiando en que lo atenderán con esmero. w12 15/10 2:12, 13

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