Como el último enemigo, la muerte ha de ser reducida a nada (1 Cor. 15:26).

De esta promesa se beneficiarán dos grupos. Por un lado, la “gran muchedumbre” que existe ahora tendrá la posibilidad de entrar con vida en el nuevo mundo y no tener que morir jamás (Rev. 7:9). Por otra parte, los miles de millones de personas que ya han caído en las garras de la muerte podrán volver a la vida. ¿Se imagina la inmensa alegría que sentirán los miembros de la “gran muchedumbre” cuando reciban a los resucitados? Para hacernos una idea, leamos con atención algunos relatos bíblicos de resurrecciones (Mar. 5:38-42; Luc. 7:11-17). De seguro, ver vivos otra vez a nuestros seres queridos nos hará sentir una alegría indescriptible. Jesús dijo: “Viene la hora en que todos los que están en las tumbas conmemorativas oirán su voz y saldrán” (Juan 5:28, 29). Aunque la resurrección es una de “las cosas […] que no se ven” actualmente, no hay duda de que será uno de los acontecimientos más inolvidables de la historia (2 Cor. 4:18). w12 15/9 2:14, 15