Ciertamente te daré un corazón sabio y entendido (1 Rey. 3:12).

Siendo todavía joven, Salomón le dirigió a Dios una humilde oración en la que admitió: “No soy más que un muchachito. No sé cómo salir ni cómo entrar”. Luego le pidió un corazón sabio y obediente (1 Rey. 3:7-9). Jehová respondió su sincero ruego. Y lo mismo hará por nosotros sin importar nuestra edad. Claro está, no nos dará conocimiento y sabiduría sobrenaturales. Pero sí nos hará sabios si estudiamos la Biblia con detenimiento, le pedimos su espíritu santo y aprovechamos bien los recursos espirituales que nos proporciona mediante la congregación cristiana (Sant. 1:5). Recordemos que Jehová se vale de estos medios para lograr que sus siervos jóvenes sean más sabios que quienes no hacen caso de sus consejos, incluidos “los sabios e intelectuales” de este mundo (Luc. 10:21; Sal. 119:98-100). w12 15/7 2:10