Confía en Jehová con todo tu corazón, y no te apoyes en tu propio entendimiento. En todos tus caminos tómalo en cuenta, y él mismo hará derechas tus sendas (Prov. 3:5, 6).

Muchos matrimonios que parecían condenados al fracaso han podido solucionar sus problemas. A menudo, los cristianos que no se apresuran a separarse de su cónyuge ven recompensados sus esfuerzos. Eso puede suceder en un hogar dividido en sentido religioso. El apóstol Pedro escribió: “Ustedes, esposas, estén en sujeción a sus propios esposos, a fin de que, si algunos no son obedientes a la palabra, sean ganados sin una palabra por la conducta de sus esposas, por haber sido ellos testigos oculares de su conducta casta junto con profundo respeto” (1 Ped. 3:1, 2). En efecto, por la conducta excelente de su cónyuge, el no creyente puede abrazar la fe verdadera. Un matrimonio que supera sus problemas y sigue adelante le trae honra a Dios y puede ser una fuente de gran felicidad para el esposo, la esposa y los hijos que pueda haber. w12 15/5 2:8, 9

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