En verdad les digo: Uno de ustedes me traicionará (Mat. 26:21).

La noche en que celebró su última Pascua, Jesús les dijo a Pedro, Santiago y Juan en el jardín de Getsemaní: “¡Miren! El que me traiciona se ha acercado”. Acto seguido, Judas apareció con sus cómplices y, “yendo directamente a Jesús, dijo: ‘¡Buenos días, Rabí!’, y lo besó muy tiernamente” (Mat. 26:46-50; Luc. 22:47, 52). Por su amor al dinero, Judas “había traicionado […] sangre justa” y entregado a Jesús a sus enemigos. ¿Y cuánto cobró por ello? ¡Treinta míseras monedas de plata! (Mat. 27:3-5.) Desde entonces, el nombre Judas ha sido sinónimo de “traidor”, en especial de la clase que se esconde tras el disfraz de la amistad. Judas tuvo un fin vergonzoso porque traicionó al ungido de Jehová (Hech. 1:18-20). Es vital que combatamos cualquier tendencia hacia la ambición ciega o la codicia, pues podríamos perder el favor de Jehová. w12 15/4 2:6, 7

Anuncios