Jehová sintió pesar por haber hecho a hombres en la tierra, y se sintió herido en el corazón (Gén. 6:6).

Una hermana cuya hija fue expulsada dijo: “Quedé destrozada”. Quienes no han pasado por esa situación tal vez no comprendan lo amarga que puede ser. Ahora bien, no sería prudente permitir que el mal rumbo que ha tomado un familiar expulsado lo aleje a usted de Jehová. ¿Qué le ayudará a sobrellevar ese intenso dolor? No se eche la culpa por lo que haya ocurrido. Jehová nos ha dado a todos la oportunidad de decidir si queremos servirle, y cada miembro dedicado y bautizado de la familia debe llevar “su propia carga de responsabilidad” (Gál. 6:5). En realidad, Jehová pide cuentas al pecador por sus actos, no a usted (Ezeq. 18:20). Tampoco caiga en la trampa de culpar a otros. Más bien, respete el sistema que Jehová ha establecido para disciplinar a sus siervos. Opóngase al Diablo, no a los pastores que protegen a la congregación (1 Ped. 5:8, 9). w13 15/1 2:16-18