¡Quiten estas cosas de aquí! ¡Dejen de hacer de la casa de mi Padre una casa de mercancías! (Juan 2:16.)

Cristo hizo un látigo de cuerdas, echó del templo a los vendedores de ganado y ovejas y desparramó por el suelo las monedas de los cambistas volcándoles las mesas (Juan 2:13-15, 17). ¿Qué aprendemos de este relato? Su enérgica intervención les recordó a los discípulos las palabras proféticas del rey David: “El puro celo por tu casa me ha consumido” (Sal. 69:9). Al actuar con tanta decisión, Jesús demostró su intenso deseo de defender la adoración verdadera. ¿Vemos cómo reflejó en este caso la personalidad de su Padre? El relato nos recuerda que Dios no solo tiene poder infinito para eliminar la maldad de la Tierra, sino también el ardiente deseo de hacerlo. La firme reacción de Jesús revela cómo debe sentirse hoy el Padre al ver que el mundo va de mal en peor. ¡Qué alentador es tener presente este hecho cuando nos encontramos cara a cara con la injusticia! w12 15/4 1:11