No estén irritando a sus hijos, sino sigan criándolos en la disciplina y regulación mental de Jehová (Efes. 6:4).

Los padres nunca deben olvidar que están cumpliendo una encomienda de Jehová. Por desgracia, en este mundo hay muchas personas que no tienen “cariño natural” (2 Tim. 3:1, 3). Innumerables hombres eluden sus obligaciones para con sus hijos, quienes por ello salen muy perjudicados. ¿Dónde sino en casa adquieren los niños sus primeras nociones de lo que es el amor y el respeto? Por consiguiente, los padres que han logrado inculcarles estas cualidades han actuado en consonancia con la administración de Jehová. Cuando nuestro hogar es un cálido refugio libre de ira e insultos, enseñamos a nuestros hijos lecciones vitales sobre mostrar amor y respetar la autoridad. Y eso los preparará para vivir en el nuevo mundo de Dios. No obstante, tenemos que comprender que el primero que quebrantó la paz universal, el Diablo, se opondrá intensamente a que hagamos la voluntad de Dios. w12 15/7 4:16, 17

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