Tu palabra es una lámpara para mi pie, y una luz para mi vereda (Sal. 119:105).

La Biblia es un maravilloso regalo que nos ha hecho Jehová mediante su espíritu santo. Disfrute de leerla a diario, y de ese modo crecerá su amor por ella y por su Autor (Sal. 1:1, 2). Comience cada sesión de estudio con una oración para pedir que el espíritu de Dios guíe sus pensamientos (Luc. 11:13). La Biblia contiene las ideas de Dios, así que al meditar en lo que dice, usted adoptará el punto de vista de él sobre los asuntos. A medida que aumente su conocimiento exacto de la verdad, póngalo en práctica en su vida diaria. Examínese con detenimiento a la luz de las Escrituras como quien se mira en un espejo, y si ve que hay algo que debe cambiar, no vacile en hacerlo (Sant. 1:23-25). Emplee la Palabra de Dios como una espada para defender sus creencias y desarraigar del corazón de los mansos las doctrinas religiosas falsas (Efes. 6:17). Y al hacerlo, siéntase agradecido de que los profetas y otros hombres que Dios usó para escribir el mensaje de la Biblia verdaderamente fueran “llevados por espíritu santo” (2 Ped. 1:21). w12 15/6 4:17, 18

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