¿Quién ha creado estas cosas? (Is. 40:26.)

En el mundo físico, todo funciona con una precisión extraordinaria, incluso a escala microscópica. Los átomos, por ejemplo, vibran con una frecuencia constante. Gracias a esto se han construido relojes atómicos tan precisos que se desajustan apenas un segundo cada ochenta millones de años. Los planetas y las estrellas también se mueven con exactitud matemática. Sus posiciones en el cielo son tan predecibles que pueden emplearse para navegar y para marcar el comienzo de las estaciones. Sin duda, el Diseñador de estos asombrosos “relojes” es “vigoroso en poder” y merece nuestras alabanzas. Entre los seres vivos también encontramos asombrosos ejemplos de exactitud y precisión. Por ejemplo, numerosos animales y plantas cuentan con relojes internos que regulan sus ciclos vitales. Muchas aves saben por instinto cuándo comenzar sus migraciones (Jer. 8:7). Incluso los seres humanos tenemos un reloj biológico, controlado generalmente por el ciclo de veinticuatro horas del día y la noche (Sal. 104:24). Está claro que el Señor del Tiempo tiene sabiduría y poder infinitos. w12 15/5 3:3, 4

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