Estaba alcanzando mayor progreso en el judaísmo que muchos de mi propia edad (Gál. 1:14).

Pablo hablaba hebreo y griego, y tenía la ciudadanía romana, la cual ofrecía privilegios y derechos muy codiciados. Si hubiera optado por triunfar en el mundo, probablemente habría conseguido mayor prestigio y seguridad económica. Pero escogió algo que para otros —quizás hasta para algunos de sus parientes— era una locura. ¿Por qué lo hizo? Pablo amaba a Jehová y deseaba su aprobación más que las riquezas o la admiración de la gente. Cuando aprendió la verdad con exactitud, llegó a valorar bendiciones que el mundo desprecia, como el rescate, el ministerio cristiano y la esperanza de la vida celestial. Sin importar las dificultades que tuviera que afrontar, estaba decidido a ser leal a Dios y perseverar en la adoración verdadera. Y ese objetivo no es uno de los ingredientes que el mundo incluye en su receta del éxito. ¿Tiene usted la misma determinación que Pablo? w12 15/12 1:10-12