Todos tropezamos muchas veces (Sant. 3:2).

¿Qué deberíamos hacer si comprendemos que hemos cometido un error como el que se menciona en Levítico 5:4? Si confesamos nuestro pecado a Jehová, él nos perdonará a través de nuestro Sumo Sacerdote, Jesucristo (1 Juan 2:1, 2). Sin embargo, para seguir contando con el favor de Dios tenemos que demostrar que estamos arrepentidos. Eso implica evitar que ese pecado se convierta en una práctica y hacer lo posible por enmendar todo el daño que hayamos causado con nuestras palabras precipitadas (Prov. 6:2, 3). Claro está, es mucho mejor pensarlo dos veces antes de hacer promesas que luego no podamos cumplir (Ecl. 5:2). Si nos mantenemos fieles en la prueba que afrontaremos al final del Reinado de Mil Años de Jesús, nunca más tendremos motivos para dudar de la palabra de nadie (Rev. 20:7-10). Todo significará sí y todo no significará no (Mat. 5:37). Quienes vivan en ese entonces imitarán a la perfección a nuestro amoroso Padre celestial, Jehová, “el Dios de la verdad” (Sal. 31:5). w12 15/10 4:1618