Lo que Dios ha unido bajo un yugo, no lo separe ningún hombre (Mat. 19:6).

Algo que puede ayudarnos a evitar el hoyo del adulterio es reflexionar en el significado del compromiso matrimonial. Jamás piense que sus responsabilidades teocráticas son más importantes que su cónyuge. Si con frecuencia pasa tiempo separado de su pareja atendiendo asuntos que no son imprescindibles, tenga cuidado: tal vez en su matrimonio haya una debilidad que podría llevar a una tentación y, posiblemente, a un pecado grave. Si usted es anciano, es natural que se preocupe por el rebaño. El apóstol Pedro escribió: “Pastoreen el rebaño de Dios bajo su custodia, no como obligados, sino de buena gana; tampoco por amor a ganancia falta de honradez, sino con empeño” (1 Ped. 5:2). Así pues, no debe descuidar a los miembros de la congregación que se le han encomendado. Pero no por ser buen pastor debe dejar de ser buen esposo. Sería ilógico —y muy peligroso— concentrarse en alimentar a las ovejas y dejar que su propia esposa se muera de hambre espiritual. w12 15/8 4:14, 15