Está libre para casarse con quien quiera, pero solo en el Señor (1 Cor. 7:39).

Nuestra elección de un cónyuge es un asunto que Jehová considera importante. Respecto a las naciones de Canaán, ordenó a los israelitas: “No debes formar ninguna alianza matrimonial con ellas. No debes dar tu hija al hijo de él, ni debes tomar su hija para tu hijo. Porque él apartará a tu hijo de seguirme, y ellos ciertamente servirán a otros dioses; y la cólera de Jehová realmente se encenderá contra ustedes, y él ciertamente te aniquilará de prisa” (Deut. 7:3, 4). Siglos después, Esdras el sacerdote declaró: “Ustedes mismos han actuado infielmente por haber dado morada a esposas extranjeras, para añadir a la culpabilidad de Israel” (Esd. 10:10). Cuando un siervo dedicado de Jehová se une en matrimonio a un no creyente, está desobedeciendo a Dios. Y no tendría sentido que esperase recibir la bendición divina teniendo que orar: “Jehová, yo te he desobedecido deliberadamente, pero tú bendíceme de todos modos”. w12 15/5 1:6, 7

Anuncios