El que se porta como uno de los menores entre todos ustedes es el que es grande (Luc. 9:48).

Transcurría el año 32. Mientras Jesús se hallaba en el distrito de Galilea, surgió una disputa entre los apóstoles (Luc. 9:46-48). Con paciencia pero con firmeza, Jesús les recalcó la necesidad de ser humildes. La palabra griega que se traduce “uno de los menores” se aplicaba a la persona humilde, modesta, insignificante o de escaso prestigio e influencia. Jesús se valió de un niño para inculcarles a sus apóstoles la necesidad de ser humildes y modestos, y su exhortación es tan válida para los verdaderos cristianos de hoy como lo fue para los del siglo primero. Ahora bien, no siempre es fácil portarnos como “uno de los menores”, al menos en ciertas circunstancias. La tendencia humana al orgullo puede llevarnos a querer ser más que los demás. Si nos dejamos influir por la competitividad que nos rodea o por el espíritu del mundo, podríamos volvernos engreídos, combativos o manipuladores. w12 15/11 3:1, 3