Los exhorto como a forasteros y residentes temporales (1 Ped. 2:11).

Pedro hablaba de aquellos que, como él, habían sido ungidos por espíritu santo y habían recibido “un nuevo nacimiento a una esperanza viva”, la de reinar con Cristo en los cielos (1 Ped. 1:3, 4). En realidad, Pedro hizo bien en referirse a los cristianos del siglo primero como “residentes temporales”, pues no vivirían de forma permanente en la Tierra. Y lo mismo es cierto en el caso de los ungidos de la actualidad. El apóstol Pablo, quien también formaba parte del “rebaño pequeño”, explicó: “Nuestra ciudadanía existe en los cielos, lugar de donde también aguardamos con intenso anhelo a un salvador, el Señor Jesucristo” (Luc. 12:32; Filip. 3:20). Como la ciudadanía de los ungidos “existe en los cielos”, al morir dejan su vida en la Tierra y reciben algo mucho mejor: la vida inmortal en el cielo (Filip. 1:21-23). Así pues, son literalmente “residentes temporales” en este mundo dominado por Satanás. w12 15/12 3:1, 2

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