Odien lo que es malo, y amen lo que es bueno (Amós 5:15).

Jehová nos ha impuesto diversos límites que nos benefician y protegen. Tomemos por caso las leyes físicas que rigen la energía y la materia, como la ley de la gravedad. ¿A quién se le ocurriría quejarse de que dichas leyes le roban libertad? Al contrario, todos las valoramos y reconocemos que son esenciales para nuestro bienestar. De igual forma, las normas morales y espirituales de Jehová, que están reflejadas en “la ley perfecta” del Cristo, solo persiguen nuestro bien (Sant. 1:25). Esta ley nos permite satisfacer nuestros deseos legítimos sin perjudicarnos a nosotros mismos ni pisotear los derechos y libertades de los demás. Así pues, el secreto para ser realmente libres —es decir, para poder hacer lo que queramos— es que nuestros deseos armonicen con las normas y la personalidad de Jehová. En otras palabras, tenemos que amar lo que Dios ama y odiar lo que odia. Eso es justo lo que la ley de la libertad nos enseña. w12 15/7 1:6, 7