Empezó a poner en confusión el campamento de los egipcios. Y siguió quitándoles ruedas a sus carros, de modo que los conducían con dificultad (Éx. 14:24, 25).

En comparación con los soldados de Faraón y sus carros de guerra, los israelitas se movían a paso lento. Pero era imposible que los alcanzara aquel ejército, pues Jehová peleaba a favor de ellos. Una vez que todos los israelitas se encontraron a salvo en la otra orilla del mar Rojo, Moisés recibió esta orden: “Extiende tu mano sobre el mar, para que las aguas se vuelvan sobre los egipcios, sus carros de guerra y sus soldados de caballería”. Aunque trataron de escapar del muro de agua que se les venía encima, “Jehová sacudió a los egipcios, echándolos en medio del mar”. La huida fue imposible. “No se dejó que quedara ni siquiera uno solo de entre ellos.” (Éx. 14:26-28.) De este modo, Dios dejó muy claro que posee el poder necesario para librar a su pueblo de cualquier amenaza. w12 15/4 4:11, 12

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