A Dios ningún hombre lo ha visto jamás; el dios unigénito que está en la posición del seno para con el Padre es el que lo ha explicado (Juan 1:18).

Jesús estaba especialmente capacitado para revelar al Padre. ¿Por qué? Porque fue la primera forma de vida creada; antes de vivir como hombre en la Tierra había sido un ser celestial, el “Hijo unigénito de Dios” (Juan 1:14; 3:18). ¡Qué posición tan singular! Cuando aún no existía ninguna otra criatura, el Hijo ya estaba disfrutando del cariño y la atención de su Padre y conociendo su forma de ser y actuar. Sin duda, Padre e Hijo se comunicaron abiertamente durante millones y millones de años y llegaron a quererse mucho (Juan 5:20; 14:31). ¡Es obvio que el Hijo conocía a la perfección la personalidad de su Padre! (Col. 1:15-17.) El Padre designó al Hijo como su portavoz, quien por eso se llama “La Palabra de Dios” (Rev. 19:13). Por consiguiente, Jesús era quien mejor podía revelar, o enseñar, cómo es el Padre. w12 15/4 1:4, 5