Ellos no prestaron oído (Neh. 9:30).

¿Podemos concluir que Jehová perdona automáticamente los pecados de todos los seres humanos? De ningún modo. Comparemos la actitud del rey David y la de Manasés con la que mostró la gente rebelde de Israel y Judá. En el caso de David, Dios se encargó de que Natán le hablara sin tapujos, dándole así la oportunidad de cambiar, y el rey lo agradeció. Y cuando Manasés se encontró en una situación angustiosa, se arrepintió de corazón. Pero, con frecuencia, los habitantes de Israel y Judá se obstinaron en su mal proceder, de modo que Jehová no los perdonó. Más bien, una y otra vez hizo que sus profetas les declararan lo que él pensaba de su mala conducta. De hecho, incluso después de que regresaron de Babilonia a su tierra, les siguió enviando mensajeros fieles, como el sacerdote Esdras y el profeta Malaquías. Cuando el pueblo obedecía su voluntad, todos sentían gran regocijo (Neh. 12:43-47). w12 15/11 4:15