Mira con cuidado en la ley perfecta que pertenece a la libertad (Sant. 1:25).

Vivimos en una época en la que cada vez hay más codicia, delitos y violencia (2 Tim. 3:1-5). Para tratar de evitarlo, los gobiernos dictan más leyes, refuerzan los cuerpos policiales e instalan sistemas de vigilancia. A su vez, los ciudadanos de muchos países protegen sus hogares con alarmas, cerraduras adicionales e incluso vallas electrificadas. Muchos no salen de casa por la noche y no permiten que sus hijos jueguen solos en la calle, ni siquiera de día. El resultado es que la gente está perdiendo su libertad, y no parece que las cosas vayan a mejorar pronto. En realidad, cuanto más se aleja la gente de las normas morales y espirituales de Dios, más sufre el conjunto de la sociedad. Y esta situación nos afecta también a nosotros, los siervos de Jehová. Pero, felizmente, tenemos la esperanza de ver el fin de la esclavitud al pecado y la corrupción y de recibir lo que la Biblia llama “la gloriosa libertad de los hijos de Dios” (Rom. 8:21). w12 15/7 1:1, 2