En hacer tu voluntad, oh Dios mío, me he deleitado, y tu ley está dentro de mis entrañas (Sal. 40:8).

A lo largo de la historia, muchas naciones han librado crueles guerras en nombre de la libertad. ¡Cuánto más debemos nosotros luchar espiritualmente por nuestra libertad cristiana! Recordemos que no solo nos enfrentamos a Satanás, el mundo y su nocivo espíritu, sino también a nuestras imperfecciones y a nuestro corazón, que es muy traicionero (Jer. 17:9; Efes. 2:3). Pero con la ayuda de Jehová podemos vencer. Y cada victoria que obtengamos sea grande o pequeña, nos reportará al menos dos beneficios. Primero, haremos feliz a Jehová (Prov. 27:11). Y segundo, al ir sintiendo el poder liberador de “la ley perfecta que pertenece a la libertad”, estaremos cada vez más resueltos a permanecer en el camino estrecho que conduce a la vida eterna. Al final disfrutaremos de una libertad todavía mayor: la que Jehová les tiene preparada a sus siervos leales (Sant.1:25; Mat. 7:13, 14). w12 15/7 2:15, 16

Anuncios