No hay hombre que no peque (2 Crón. 6:36).

Para poder reflejar la gloria de Dios, debemos reconocer nuestra tendencia al pecado. Y una vez que la reconocemos, hemos de esforzarnos por mantener bajo control los malos impulsos. Solo así llegaremos a glorificar realmente a Dios. Los siervos de Jehová debemos analizarnos con frecuencia para ver si estamos a la altura de las justas normas divinas (Prov. 28:18; 1 Cor. 10:12). Si deseamos reflejar la gloria de Dios, no podemos dejar de luchar contra nuestras debilidades, sean cuales sean. El único ser humano que siempre agradó a Dios y reflejó su gloria a la perfección fue Jesús. Claro, nosotros no somos perfectos, pero podemos y debemos hacer todo lo posible por imitarle (1 Ped. 2:21). Jehová toma en cuenta y bendice los esfuerzos y progresos que hacemos para glorificarlo. w12 15/5 4:7, 8

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