Noé procedió a hacer conforme a todo lo que le había mandado Dios. Hizo precisamente así (Gén. 6:22).

Al ir avanzando la construcción del arca, Noé y su familia deben de haberse preguntado cómo se realizaría el propósito divino y cuándo se desataría el Diluvio. Pero su desconocimiento de los detalles no les impidió terminar el arca. Fue tan solo siete días antes de comenzar la inundación —el tiempo justo para que Noé y su familia introdujeran a los animales en el arca— cuando Jehová le reveló la fecha exacta del Diluvio. De este modo, todo estuvo listo el día en que “las compuertas de los cielos fueron abiertas” (Gén. 7:1-5, 11). El relato del Diluvio no solo da fe de la capacidad de Jehová como Señor del Tiempo, sino también como Libertador. Cada vez falta menos para el fin de este mundo, y podemos estar seguros de que todo lo que él se ha propuesto se cumplirá en su momento, sí, en el mismo “día y hora” que ha establecido (Mat.24:36; Hab. 2:3). w12 15/4 4:7, 8