Nunca se inquieten y digan: “¿Qué hemos de comer?”, o “¿qué hemos de beber?”, o “¿qué hemos de ponernos?”. Porque todas estas son las cosas en pos de las cuales las naciones van con empeño. Pues su Padre celestial sabe que ustedes necesitan todas estas cosas (Mat. 6:31, 32).

Para que el materialismo no lo asfixie, de vez en cuando deténgase a reevaluar su vida. Nunca se parezca a Esaú, quien demostró con sus hechos que despreciaba las cosas espirituales (Gén. 25:34; Heb. 12:16). Y tampoco sea como aquel rico que, en lugar de vender sus bienes, ayudar a los pobres y hacerse discípulo de Cristo, “se fue contristado, porque tenía muchas posesiones” (Mat. 19:21, 22). Las riquezas lo tenían tan atado que se perdió el inmenso privilegio de ser discípulo del hombre más importante de la historia. Si no queremos perderlo también nosotros, debemos tener mucho cuidado con el materialismo. A fin de contrarrestar cualquier preocupación indebida por las cosas materiales, siga el consejo del texto de hoy. w12 15/8 4:8, 9

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