Se fue y negoció con ellos y ganó otros cinco (Mat. 25:16).

Décadas antes de 1914, los ungidos ya sabían que ese año sería especial, aunque no comprendían claramente qué iba a ocurrir. Un hermano admitió: “Algunos de nosotros esperábamos seriamente ir al cielo durante la primera semana de octubre [de 1914]”. Podemos imaginar la decepción que sintieron al ver que el fin no llegó cuando esperaban. Para colmo, al estallar la primera guerra mundial, tuvieron que afrontar persecuciones. Aquello los sumió en un período similar al sueño, una inactividad relativa. Pero en 1919 llegó el momento de despertar. Jesús había venido al templo espiritual de Dios para examinarlo. Algunos no superaron la inspección, por lo que perdieron el privilegio de seguir trabajando para el Rey. No obstante, la mayoría de los ungidos demostraron una lealtad inquebrantable y un intenso deseo de servir al Amo, incluso durante los difíciles años de la guerra. w12 15/9 4:11, 12

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