Nadie conoce quién es el Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo esté dispuesto a revelarlo (Luc. 10:22).

Prescindiendo de lo que crean, en un momento u otro la mayoría de las personas se hacen preguntas sobre la existencia de Dios. Pero muchas dejan de buscarlo al no encontrar respuestas satisfactorias. Ciertamente, Satanás “ha cegado las mentes de los incrédulos” (2 Cor. 4:4). No es de extrañar que casi toda la humanidad esté hundida en un pozo de ignorancia y confusión respecto al Padre, el Creador del universo (Is. 45:18). Sin embargo, es vital que la gente aprenda la verdad acerca de Dios. ¿Por qué razón? Porque únicamente se salvará quien “invoque el nombre de Jehová” (Rom. 10:13). Para invocar ese nombre es esencial tener un conocimiento profundo de la personalidad de Jehová, un conocimiento como el que Jesucristo impartió a sus discípulos, revelándoles, por así decirlo, cómo es el Padre. w12 15/4 1:2, 3

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