Mi instrucción [goteará] como suaves lluvias sobre la hierba (Deu. 32:2).

El apóstol Pablo le indica al cristiano que no debe abandonar a su cónyuge solo porque este no sea creyente (1 Cor. 7:12-16). Además, le recuerda que siempre existe la posibilidad de que acepte la verdad, lo cual puede ayudarle a seguir siendo feliz. Eso sí, aunque hacemos bien en intentar que nuestro cónyuge escuche el mensaje bíblico, conviene que seamos prudentes. Un estudiante de la Biblia tal vez espere que sus familiares acepten enseguida el mensaje del Reino. Sin embargo, la respuesta no siempre es tan positiva. Si estamos dando clases bíblicas a una persona cuyo cónyuge no tiene interés en la religión verdadera, ¿por qué no ensayar juntos con regularidad qué podría decir para explicarle sus creencias con tacto? Unas gotas de la verdad salpicadas aquí y allá en el momento oportuno pueden calar más hondo que todo un diluvio de agua espiritual. w12 15/2 4:8, 9

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