Si estas cosas existen en ustedes y rebosan, impedirán que ustedes sean inactivos o infructíferos (2 Ped. 1:8).

Como vemos, los cristianos seleccionados por Jehová para gobernar con Cristo en los cielos experimentan “un nuevo nacimiento”. Mediante su espíritu santo, Jehová los adopta como hijos y los unge para ser reyes y sacerdotes con Cristo (Rev. 20:6). Según explica Pedro, este “nuevo nacimiento” les abre las puertas a una “esperanza viva”, “una herencia incorruptible e incontaminada e inmarcesible” que les está reservada “en los cielos”. ¡Con razón “están regocijándose”! (1 Ped. 1:3-6.) Eso sí, para que su expectativa se haga realidad, deben permanecer fieles. Pedro exhorta a los ungidos: “Hagan lo sumo por hacer seguros para sí su llamamiento y selección” (2 Ped. 1:10). En efecto, deben esforzarse por cultivar cualidades como la fe, el amor, la devoción a Dios y el cariño por sus hermanos en la fe. w12 15/3 3:4, 5

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