Nadie que ha puesto la mano en el arado y mira a las cosas que deja atrás es muy apto para el reino de Dios (Luc. 9:62).

Esta fue la respuesta de Jesús cuando cierto hombre le preguntó si antes de hacerse discípulo podía ir a despedirse de su familia. ¿Fue Jesús demasiado brusco o exigente con él? No. Él sabía que su petición no era más que una excusa para eludir su responsabilidad, y por eso lo comparó a un labrador que “mira a las cosas que deja atrás”. No importa si solo echa un vistazo rápido o si suelta el arado y se gira para mirar; en ambos casos está desatendiendo su obligación y puede dañar su trabajo. Es de suma importancia que, en lugar de fijar la atención en el pasado, nos concentremos en lo que tenemos delante. La Biblia dice sin rodeos: “En cuanto a tus ojos, directamente adelante deben mirar, sí, tus propios ojos radiantes deben mirar con fijeza directamente enfrente de ti” (Pro. 4:25). w12 15/3 4:3, 4

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