Procuramos salir para Macedonia, pues llegamos a la conclusión de que Dios nos había mandado llamar para declararles las buenas nuevas (Hech. 16:10).

Tal vez queramos ser precursores o trasladarnos a algún lugar donde haya más necesidad de publicadores. Pero es posible que Jesús, valiéndose del espíritu santo, nos proporcione la guía necesaria solo después de que demos pasos concretos para lograr nuestra meta. ¿Por qué? Pongamos una comparación. El conductor solo puede dirigir a la derecha o a la izquierda un automóvil que ya esté en movimiento. De igual modo, Jesús puede dirigirnos únicamente si ya estamos en marcha, es decir, esforzándonos por ampliar nuestro ministerio. Pero ¿y si nuestros esfuerzos no dan fruto enseguida? ¿Será que el espíritu no está guiándonos? No necesariamente. Recordemos que Pablo también se topó con puertas cerradas. Sin embargo, no cejó en su empeño hasta encontrar una abierta. Hoy ocurre igual. Si no nos damos por vencidos, es muy probable que se nos abra “una puerta grande que conduce a la actividad” (1 Cor. 16:9). w12 15/1 2:4, 8, 9