¡Oh Señor, yo sé que no está en manos del ser humano trazar el plan de su vida y ponerle rumbo! (Jer. 10:23, Nueva Biblia al Día.)

Pensemos en un excursionista que no conoce bien cierta región inhóspita y tampoco dispone de un mapa. Si se adentra en ella solo, sin la ayuda de un guía bien preparado o, al menos, de una brújula, estará cometiendo una verdadera imprudencia. De hecho, si no sabe cómo sobrevivir en condiciones difíciles, podría terminar perdiendo la vida. Pues bien, ocurre igual con la persona que cree que sabe trazar su rumbo en este mundo malvado sin acudir a Dios para que la oriente. La única posibilidad que tenemos de transitar por el sistema actual sin perder la vida en el intento es pedirle a Jehová lo mismo que le rogó David: “Deja que mis pasos se asgan de tus senderos trillados, en los cuales ciertamente no se hará que tambaleen los pasos de mis pies” (Sal. 17:5; 23:3). w11 15/12 2:7, 8