Le hablaron la palabra de Jehová junto con todos los que estaban en su casa (Hech. 16:32).

Como es natural, nos gustaría que nuestros familiares aceptaran las buenas nuevas (Jos. 2:13; Hech. 10:24, 48; 16:31). Si al principio no nos hacen caso, podríamos desanimarnos. Tal vez pensemos que nada de lo que hagamos o digamos los hará cambiar de actitud. Pero la verdad es que podrían pasar cosas que los lleven a replantearse su opinión. O tal vez ahora sepamos explicar mejor la verdad y obtengamos un resultado más favorable. No debemos pasar por alto sus sentimientos (Rom. 2:4). De hecho, tendríamos que hablarles tan amable y respetuosamente como a quienes encontramos en la predicación. Sin sermonear, demostrémosles cuánto bien nos ha hecho conocer la verdad (Efe. 4:23, 24). Procuremos que noten cómo ha enriquecido Jehová nuestra vida y nos ha enseñado para nuestro beneficio (Isa. 48:17). Que vean en nosotros un ejemplo del vivir cristiano. w12 15/3 1:19, 20

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