Dios lo ungió con espíritu santo y poder (Hech. 10:38).

Ese ungimiento comisionó a Jesús para ser Sumo Sacerdote y futuro Rey de todos los creyentes de la familia humana (Heb. 1:8, 9; 5:5, 6). En su labor de Sumo Sacerdote, ¿qué sacrificio podía ofrecer Jesús que cubriera por completo el pecado heredado de los creyentes? Tal como él mismo indicó al instituir la conmemoración de su muerte, el sacrificio sería su propia vida humana perfecta (Heb. 9:11, 12). Desde su bautismo en el año 29, cuando fue comisionado para ser Sumo Sacerdote, Jesús se sometió a pruebas y recibió preparación hasta el momento de su muerte (Heb. 4:15; 5:7-10). Una vez resucitado, ascendió al cielo y presentó el valor de su sacrificio ante el propio Jehová (Heb. 9:24). A partir de entonces, Jesús pudo abogar ante Jehová por aquellos que ejercían fe en su sacrificio y ayudarlos a servir a Dios con vida eterna en mira (Heb. 7:25). Además, dicho sacrificio sirvió para validar el nuevo pacto (Heb. 8:6; 9:15). w12 15/1 5:11, 12

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