Todos los que hayan pecado bajo ley serán juzgados por ley (Rom. 2:12).

Pablo señaló que muchas veces las personas de las naciones o grupos étnicos que no conocen el código de leyes que Dios entregó al antiguo Israel “hacen por naturaleza las cosas de la ley”. Así, suelen condenar el incesto, el asesinato y el robo. ¿Por qué razón? Porque, como explica Pablo, todos los seres humanos estamos dotados de conciencia (Rom. 2:14, 15). No obstante, todos sabemos que el hecho de que nuestra conciencia dé testimonio de lo que está bien y está mal no significa que siempre obedezcamos su voz. Tomemos como ejemplo a los israelitas de la antigüedad. Muchas veces no hicieron caso ni de la conciencia que les había dado Jehová ni de los mandamientos de la Ley que prohibían el robo y el adulterio (Rom. 2:21-23). Por ello, su culpa era doble. Sin duda, eran pecadores, pues no alcanzaban el nivel requerido por las normas y la voluntad de Jehová. Y esto afectaba gravemente su relación con él (Lev. 19:11; 20:10; Rom. 3:20). w11 15/6 1:15, 16