Así como ocurrió en los días de Noé, así será también en los días del Hijo del hombre (Luc. 17:26).

En este pasaje, Jesús estaba destacando la clase de vida que hoy lleva la gente, una vida muy parecida a la de los tiempos de Noé (Mat. 24:37-39). En su inmensa mayoría, aquellas personas tenían muy poco interés en Dios, y menos aún en obedecer sus mandamientos. ¿Qué ocupaba su mente? Cosas tan cotidianas como la comida, la bebida y el matrimonio. El problema fue que, como indicó Jesús, estaban tan absortos en ellas que “no hicieron caso” de la advertencia. Al igual que Noé y los suyos, nosotros estamos muy ocupados. Debemos cubrir nuestras propias necesidades y las de nuestra familia. Esto puede consumir mucho tiempo, energías y recursos. Además, tenemos que predicar, prepararnos para las reuniones, asistir al Salón del Reino y fortalecer nuestra espiritualidad mediante el estudio individual y en familia. Sin duda, si queremos llegar a la meta, es necesario que reduzcamos todo lo posible las cargas que ya soportamos y evitemos añadirnos cargas innecesarias. w11 15/9 4:4, 5