[Jesús] pasó toda la noche en oración a Dios (Luc. 6:12).

¿Nos enseña el ejemplo de Jesús que tenemos que pasar largas horas orando? No, pues él bondadosamente reconoció lo siguiente sobre sus discípulos: “El espíritu, por supuesto, está pronto, pero la carne es débil” (Mat. 26:41). Aun así, podemos imitarlo. Por ejemplo, ¿consultamos con nuestro Padre celestial antes de tomar decisiones que nos afecten a nosotros, a nuestra familia o a nuestros hermanos espirituales? Al orar, ¿incluimos los asuntos que nos preocupan sobre nuestros hermanos en la fe? ¿Hablamos desde el corazón en lugar de repetir siempre las mismas frases? Notemos también que Jesús valoraba mucho las conversaciones privadas, íntimas, con su Padre. En el mundo en que vivimos es muy fácil dejarse llevar por el ritmo frenético de la vida y olvidarse de las cosas que de verdad importan. Sin embargo, si dedicamos suficiente tiempo a orar de manera profunda y personal, estaremos espiritualmente más despiertos (Mat. 6:6, 7). Nos acercaremos más a Jehová, deseosos de fortalecer nuestra relación con él (Sal. 25:14). w12 15/2 1:8, 9