El espíritu santo les había prohibido hablar la palabra en el distrito de Asia (Hech. 16:6).

Todo indica que Jesús, valiéndose de la fuerza activa de Dios, quería conducir a Pablo y sus compañeros por otros rumbos. ¿Adónde fueron aquellos entusiastas viajeros? El versículo 7 continúa la narración: “Al bajar a Misia, se esforzaron por entrar en Bitinia, pero el espíritu de Jesús no se lo permitió”. Como no habían podido predicar en Asia, pusieron rumbo al norte para difundir el mensaje por las ciudades de Bitinia. Pero cuando ya estaban cerca de esa provincia, Jesús de nuevo se valió del espíritu santo para cortarles el paso. ¡Pablo y sus compañeros debían de estar perplejos! Sabían qué predicar y cómo hacerlo, pero no tenían ni idea de dónde. Por así decirlo, habían llamado a la puerta de Asia y luego a la de Bitinia, pero ninguna de las dos se les había abierto. ¿Perderían el entusiasmo por la predicación y se darían por vencidos? ¡Jamás! w12 15/1 2:4-6