Ni presten atención a cuentos falsos […] que proporcionan cuestiones para investigación (1 Tim. 1:4).

La advertencia sobre los cuentos falsos se encuentra en la primera carta a Timoteo. En ella, Pablo anima a este superintendente cristiano a velar por la pureza espiritual de los hermanos y ayudarlos a mantenerse fieles (1 Tim. 1:18, 19). El término griego que se traduce “cuentos falsos” se aplica a narraciones ficticias, mitos o falsedades. Se usa “para referirse a los relatos y especulaciones inventados y carentes de verdad” (Diccionario exegético del Nuevo Testamento). Quizás el apóstol estaba pensando en las mentiras religiosas que aparecen en historias sensacionalistas y leyendas fantásticas. Estos cuentos “proporcionan cuestiones para investigación” en el sentido de que plantean temas intrascendentes que llevan a realizar estudios inútiles. Son una de las tretas favoritas del Gran Engañador, Satanás. Así es, él se vale de innumerables mentiras y relatos de la religión falsa para distraer a los desprevenidos. El consejo de Pablo no pudiera ser más claro: ¡no hagan ni caso de esos cuentos! w11 15/7 2:9, 10