El espíritu santo los ha nombrado superintendentes (Hech. 20:28).

Los ancianos son nombrados por espíritu santo, pero no todos los ungidos ocupan esta posición de servicio. Este hecho nos confirma que la fuerza activa de Dios actúa de diferentes maneras en los hermanos de la congregación. Jehová infunde en los ungidos “un espíritu de adopción”, o en otras palabras, los hace conscientes de que son sus hijos. Para ello, se vale del espíritu santo, el mismo espíritu con el que resucitó a su Hijo unigénito y le concedió vida inmortal en el cielo (Rom. 8:11, 15). Es también el mismo con el que creó el universo (Gén. 1:1-3). Y es el mismo con el que ayudó a Bezalel a construir el tabernáculo, a Sansón a realizar proezas sobrehumanas y a Pedro a caminar sobre las aguas. Pero no nos confundamos: una cosa es que el espíritu de Dios guíe a alguien y otra muy distinta es que este sea ungido. En realidad, la operación de ungir no es más que una forma especial en la que actúa el espíritu. El que decide quién recibe la unción y quién no es Jehová. w11 15/12 4:13, 14

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