Recibía amablemente a todos los que venían a él, predicándoles el reino de Dios (Hech. 28:30, 31).

Como Pablo, muchos de nuestros hermanos están presos por su fe y no pierden el gozo a pesar de esta injusticia. Y otros no pueden salir a predicar porque la edad o la salud los obliga a permanecer recluidos en su hogar o en una institución. Según se lo permiten las circunstancias, predican a los médicos, a las visitas y a otras personas. Desean de todo corazón dar testimonio cabal del Reino. ¡Cuánto valoramos su excelente ejemplo! Podemos aprender mucho de la actitud vigilante de los apóstoles y de otros cristianos del siglo primero mencionados en el libro bíblico de Hechos. Mientras esperamos el fin de este viejo sistema de cosas, continuemos imitando su ejemplo de valentía y celo por el ministerio. En estos últimos días no hay mayor honor que dar testimonio cabal acerca del Reino de Dios (Hech. 28:23). w12 15/1 2:20-22