Conforme a la abundancia de tus misericordias, borra mis transgresiones. Lávame cabalmente de mi error, y límpiame aun de mi pecado. Pues mis transgresiones yo mismo conozco, y mi pecado está enfrente de mí constantemente (Sal. 51:1-3).

Un siervo fiel de la antigüedad que se benefició del consuelo divino fue David. Jehová, quien “ve lo que es el corazón”, sabía que se trataba de un joven sincero y devoto cuando lo eligió como futuro gobernante de Israel (1 Sam. 16:7; 2 Sam. 5:10). No obstante, cuando ya era rey, cometió adulterio con Bat-seba y trató de ocultarlo mandando matar a su esposo. Dándose cuenta del horrible pecado que había cometido, le oró a Jehová diciendo las palabras del texto de hoy. En vista de que estaba arrepentido de todo corazón, este humilde siervo de Dios fue perdonado. No obstante, pagó muy caras sus malas acciones (2 Sam. 12:9-12). Con todo, encontró alivio en la misericordia de su Padre celestial. w11 15/10 3:14

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