Queda un descanso sabático para el pueblo de Dios. Porque el hombre que ha entrado en el descanso de Dios ha descansado él mismo también de sus propias obras, así como Dios de las suyas (Heb. 4:9, 10).

Pablo, aludiendo probablemente a la ley del sábado, escribió las palabras citadas arriba sobre el privilegio que tenían los cristianos de entrar en el día de descanso de Jehová. Aquellas palabras encerraban una lección que debían tener muy clara: ya no era posible obtener el favor divino realizando las obras que exigía la Ley mosaica. Desde el día de Pentecostés del año 33, la única forma de recibir la aprobación de Dios era demostrando fe en Jesucristo. ¿Por qué no entraron en la Tierra Prometida los israelitas de la época de Moisés? Por su desobediencia. ¿Y por qué no entraron en el descanso de Dios algunos cristianos de tiempos de Pablo? Por la misma razón. No aceptaron que la Ley ya había cumplido su objetivo y que Jehová estaba dirigiendo a su pueblo por un camino diferente. w11 15/7 3:14, 15

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