Esta viuda, aunque pobre, echó más que todos ellos (Luc. 21:3).

Jesús, al ser perfecto, pudo percibir la callada indignación de un fariseo, el sincero arrepentimiento de una pecadora y la abnegada generosidad de una viuda (Luc. 7:37-50; 21:1-4). Así fue capaz de satisfacer las distintas necesidades espirituales de las personas. Ahora bien, los siervos de Dios no tienen que ser perfectos para ser buenos observadores. Un ejemplo de ello es el apóstol Pablo, quien adaptó su mensaje para que resultara atractivo a distintos grupos y a personas con diferentes actitudes (Hech. 17:22, 23, 34; 1 Cor. 9:19-23). Si nos esforzamos por ser observadores como Jesús y Pablo, es probable que descubramos el mejor modo de despertar el interés de nuestros oyentes. Por ejemplo, al hablar con alguien, fijémonos en detalles que revelen cuál es su origen cultural, qué le interesa o cuáles son sus circunstancias familiares. Tal vez podamos observar lo que está haciendo en ese momento y comenzar la conversación con un comentario amable sobre ello. w12 15/3 1:10, 11

Anuncios