Presta constante atención a ti mismo y a tu enseñanza. Persiste en estas cosas, pues haciendo esto te salvarás a ti mismo y también a los que te escuchan (1 Tim. 4:16).

Como Jesús, nos mantenemos siempre alerta, buscando ocasiones para comunicar lo que sabemos sobre el Reino de Dios. Cada oportunidad vale oro, y no debemos desaprovechar ninguna. Hay vidas en juego. Ahora bien, hubo algo más que ayudó a Jesús a mantenerse vigilante. Él sabía que Satanás estaba decidido a quebrantar su lealtad poniéndole tentaciones o valiéndose de la persecución. Aquel enemigo despiadado andaba siempre vigilante, a la espera de un “tiempo conveniente” para entramparlo (Luc. 4:13). Pero Jesús nunca bajó la guardia. Estuvo listo para enfrentar toda prueba, viniera en forma de tentación, hostilidad o persecución. ¿No nos hallamos nosotros prácticamente en la misma situación? En efecto, pues Satanás sigue cual “león rugiente, procurando devorar a alguien”. Por eso, la Biblia nos insta: “Mantengan su juicio, sean vigilantes” (1 Ped. 5:8). w12 15/2 1:5, 6