Testigos violentos se levantan; lo que no he sabido me preguntan (Sal. 35:11).

En conformidad con esta profecía, “los sacerdotes principales y todo el Sanedrín buscaban testimonio falso contra Jesús a fin de darle muerte” (Mat. 26:59). “Muchos, en realidad, testificaban falsamente contra él, pero sus testimonios no estaban de acuerdo.” (Mar. 14:56.) Tan rabiosos estaban los enemigos de Cristo que no dudaron en recurrir a declaraciones falsas para lograr que lo mataran. Al amanecer del día 14 de nisán, se reunió en pleno el Sanedrín. Este tribunal decidió atar a Jesús y enviarlo al gobernador romano Poncio Pilato, quien, después de interrogarlo, no halló en él ninguna culpabilidad. Pilato dirigió la palabra a los numerosos judíos que habían acudido ante él y les ofreció ponerles en libertad a Jesús, pero ellos gritaron en respuesta: “¡Al madero con él!”. De hecho, prefirieron que soltara en su lugar a un delincuente llamado Barrabás. Queriendo complacerlos, Pilato lo liberó y ordenó que Jesús fuera azotado y clavado en un madero (Mar. 15:1-15). w11 15/8 2:8, 9

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