El espíritu de su Padre habla por ustedes (Mat. 10:20).

El apóstol Pablo comprendía que es muy necesario contar con la guía del espíritu santo para poder predicar la verdad. Por eso les pidió a los cristianos de Éfeso que oraran por él a fin de que Dios le diera “capacidad para hablar” (Efe. 6:18-20). Aunque el espíritu santo posibilitó que Pablo hablara en ciertos lugares, en otros se lo impidió. Además, siempre lo guió durante sus viajes misioneros (Hech. 13:2; 16:6-10). En nuestros tiempos, Jehová continúa usando su fuerza activa para dirigir la predicación. Y nosotros, como Pablo, nos esforzamos obedientemente por proclamar la verdad con valor y entusiasmo. Es cierto que el espíritu no nos guía hoy de una forma tan evidente como en tiempos del apóstol, pero estamos seguros de que sigue dirigiéndonos para que llevemos el mensaje a quienes merecen conocer la verdad (Juan 6:44). w11 15/12 4:10, 11

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