Sigan consolándose unos a otros (1 Tes. 5:11).

Hay muchas formas de aliviar las cargas a nuestros hermanos. Por ejemplo, si están limitados por la enfermedad y la vejez y les resulta difícil ir a la tienda, ¿por qué no nos ofrecemos a traerles los alimentos? También podemos interesarnos por quienes necesitan realizar alguna tarea en el hogar brindándoles nuestra ayuda (Fili. 2:4). Asimismo, haremos bien felicitando a todos por su amor, ingenio, valentía, fe o cualquier otra buena cualidad que demuestren. Una excelente forma de consolar a los hermanos mayores es visitarlos y escuchar con atención cuando nos cuenten las vivencias que han tenido y las formas en que han experimentado la bendición de Jehová sobre su servicio. Es muy posible que los que salgamos fortalecidos seamos nosotros. Cuando vamos a verlos, podemos leerles de la Biblia o de nuestras publicaciones cristianas. Sería muy adecuado repasar juntos el artículo del Estudio de La Atalaya o la lección del Estudio Bíblico de la Congregación que se esté examinando esa semana. Otra opción sería leerles o relatarles animadoras experiencias de nuestras publicaciones. w11 15/10 4:2, 15, 16