El objetivo de este mandato es amor procedente de un corazón limpio y de una buena conciencia y de fe sin hipocresía (1 Tim. 1:5).

Si queremos que el espíritu santo nos dirija, no debemos meternos en situaciones que nos expongan a la tentación. Una manera sería ir sin rumbo de un canal a otro de la televisión o de una página a otra de Internet (Rom. 8:5-8). Por supuesto, si nos encontramos con una imagen excitante no tenemos por qué seguir mirándola: podemos —y debemos— demostrar autodominio tomando de inmediato las medidas oportunas. Claro, es mucho mejor evitar el peligro desde el principio (Pro. 22:3). Damos prueba de autocontrol cuando adoptamos precauciones y las respetamos. Algunos toman la sabia medida de colocar la computadora en una zona del hogar que sea transitada. Otros deciden navegar por la Red o ver la televisión únicamente si están acompañados. Y hay quienes optan por no usar Internet (Mat. 5:27-30). En fin, cada uno debe dar los pasos que vea necesario para protegerse a sí mismo y a su familia. w11 15/4 4:17, 18

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